domingo, 24 de octubre de 2010

... de un propósito de enmienda...

El síndrome ansioso depresivo lo tengo aquí, presente y activo, posesivo al máximo, doloroso, acosador y destructor, y es más duro reconocerlo que sufrirlo. Cuando estás en la espiral del ahogo emocional sigues girando sobre tí misma sin ver lo que te rodea, porque las mismas vueltas te impiden abrir los ojos a riesgo de, además, marearte.


Tengo que reconocerlo, y tengo que ponerle remedio, porque estar otra vez en urgencias y contar tus miserias a un desconocido no es plato de gusto. Y porque tengo tantas cosas y tanta gente detrás que más me vale salir de ahí.

Hace un par de meses recomendé a C. que saliera de esa espiral, que reconociera dónde estaba y dónde quería ir… y ahora me veo ahí otra vez, pero en lugar de aplicarme el cuento, he acabado con medicación de urgencia (“consejos vendo…”).

Necesito plantearme qué quiero, qué espero de la vida… qué espera la vida de mí… es decir, qué coño hacer para salir de esta mierda, en la que entré hace tantos años que no recuerdo (mentira, lo sé perfectamente) y que desde hace uno y medio me mantiene aferrada a unas pastillas que se supone me tienen que ayudar a salir de aquí… y no sé muy bien cómo…

Prometo que lo intentaré, y que saldré de aquí, por mí, por mis hijas, por mi vida…

Pero estoy tan cansada…

domingo, 12 de septiembre de 2010

... de cobardes e idiotas.

Hace años, cuando mi hija mayor tenía como 2 años, una de esas “ancianitas indefensas” que pasean por los parques la hizo llorar, porque la acusó de intentar romper un teléfono público con el que hablaba con su amiga invisible. Le recriminé su actitud y la acusé de increpar a una niña de 2 años que estaba jugando y no a los chavales de 18 que sí destrozaban…


En el parque donde vamos casi todos los días de verano, se coloca en un rincón un grupo de señores que bailan salsa relajadamente los domingos por la tarde. En círculo intercalan movimientos con una música bajita apenas perceptible para ellos… ocupan lo que ocupan, sin excesos… En el otro lado, unos chicos bailan break, con música altísima, y movimientos espectaculares de trompos y piruetas… Todos ellos molestan, realmente, a los patinadores, pero unos son peligrosos, por los fuertes e imprevisibles movimientos de piernas, y los otros simplemente están ahí…

Un hombre se encabritó violentamente con los mayores, pero no se atrevió con los jóvenes…

Una noche, en el mismo parque, un grupo de gente decidió ponerse a la fresca de los árboles a hacer una barbacoa. Nos dirigimos al guarda del parque, que, en lugar de ir a decir nada, llamó a la policía. Vinieron, “saludaron” a los de la barbacoa, y se fueron… aquéllos continuaron su cena.

Ayer celebramos allí mismo el cumpleaños de mi hija pequeña, y, en un rincón, dispusimos una mesita de playa para colocar los sándwiches y las patatas… aquél mismo guarda se vino a decirnos que no podíamos estar ahí… lo eché sin compasión: “¿estoy haciendo una barbacoa? ¿Estoy en medio molestando? No. Pues llame a la policía, si quiere, y hasta luego, Lucas”.



Cuando alguien increpa a quien sabe en inferioridad de condiciones pero no es capaz de hacerlo con quien, a priori, puede resultar superior, por aparente capacidad de respuesta, por número, por la razón que sea… se le llama cobarde, lleve o no uniforme.

Yo no quise considerarme así, y, después de discutir con la vieja, vi a unos chavales ensuciando y molestando en el metro… me quedé sola, pero no fui cobarde. Mis amigos me dijeron que era idiota…

miércoles, 8 de septiembre de 2010

... de tanto errar

Lo mío es equivocarme, hacer lo que no debo, moverme por instintos (aunque el Pepito Grillo de mi racionalidad me avise con luminosos) y cagarla.


Lo mío es estropear lo bueno que previamente he conseguido, incluso con mucho trabajo.

Lo mío no es de mujer hecha y derecha, sino de adolescente sin conocimiento.

Me empieza a aburrir eso de tanto errar, porque ya pienso que no aprenderé de mis tropiezos.

viernes, 3 de septiembre de 2010

de la eternidad...

1 año...
12 meses...
52 semanas...
365 días...
8.760 horas...
525.600 minutos...
31.536.000 segundos...

un instante...

una eternidad...

jueves, 19 de agosto de 2010

demasiado tiempo...

No me había dado cuenta de cómo pasa el tiempo hasta que he visto cuándo escribí mi último post, así que, antes de que tenga que cantar "que veinte años no es nada", y como buen propósito del otoño que se nos ha adelantado este año, he decidido retomar la sana costumbre de publicar mis pensamientos al menos de vez en cuando.

domingo, 9 de mayo de 2010

Juárez en la sombra

Cuando conocí el reconocimiento que le hicieron a Judith Torrea y la escuché en la radio, busqué su blog y me lo agregué. Esperaba un buen momento tranquilo, para leer sus entradas. Esta mañana lo he hecho. En realidad, sólo la última…


… y he comprendido la razón del Premio Ortega y Gasset de Periodismo.

Como le he escrito, me ha traído recuerdos que guardaba, ya tan lejanos para mí en el tiempo, del miedo profundo de quien no sabe si al salir a la calle será para no volver.

Su voz es la de tantos que no pueden hablar, o ya no saben cómo o por qué hacerlo.

Y es la oportunidad para esa gente del Primer Mundo, para todos nosotros, en realidad, que cerramos los ojos ante la triste existencia de tantos congéneres, para abrirlos, para ver la cruda realidad y actuar de una vez. Hay que parar esa barbarie. No podemos dejar que se quede en una de las “noticias breves” del apartado de Internacional en los noticieros, porque el dolor de esas gentes, su tristeza y su abandono, es también el nuestro.

Os la recomiendo a todos:

http://juarezenlasombra.blogspot.com/

domingo, 2 de mayo de 2010

vergüenza

Un amigo mío está en pleno proceso de separación. Tan “en pleno proceso” que apenas hace dos o tres días presentó la demanda, y pidió, además, la custodia de sus hijos. Según él, su mujer está enferma y no puede ya más con ella.
No quiero entrar en valoraciones. Ni es mi intención ni conozco el caso a fondo, ya que nos hemos reencontrado tras unos añitos de separación (bendito féisbuc!) y he pasado del nacimiento de su primer hijo a la situación actual casi de golpe.
La cuestión está en que mi amigo, al presentar la demanda de separación, se ha encontrado con otra por malos tratos continuados, y tuvo que presentarse al día siguiente a declarar ante la Policía. Supuestamente no irá a más, porque ella no ha podido demostrar nada, y los propios policías le han dicho que para ellos tenía toda la pinta de ser una denuncia falsa, como las que se encuentran tan a menudo.

¡“Tan a menudo”!

Nos hemos habituado a verlas por la tele, y las asociamos a personajes y personajillos que sólo quieren cobrar un pellizco más por otra etapa de su vida, y aunque hay personas que resultan seriamente afectadas, lo acabamos viendo como parte de la farándula...
Pero existen de verdad, en la calle, tal vez en nuestra propia escalera: hay muchas mujeres dispuestas a destrozar a la ex-pareja como sea (¡cuánto no será el odio!), y aunque resulte, por lo visto, "habitual", no es políticamente correcto decirlo en público, porque, efectivamente, hay tantas, tantísimas que denuncian de verdad, que hablar de ello parece que nos coloque del lado de los maltratadores…

Me avergüenza como mujer que algunas utilicen la tragedia de tantas en una “simple” demanda de separación como arma de ataque contra la pareja.